BAILANDO EN LA OSCURIDAD.

(Artículo)

Por:  Virginia Macias Torres
Lima-Perú
 Email: elbrillantedesquite@hotmail.com

BAILANDO EN LA OSCURIDAD.

                                                                        (Mujeres botando la maleza de la ciudad-
pensamiento).

Escribir desde la ciudad-pensamiento cuando se es mujer,

implica una introspección implacable.

Voces que lanzan epítetos de toda laya contra las mujeres

y miradas malignas a las que persisten en declararse en guerra

contra los dogmatismos y los prejuicios, son epìgonos de una concepción

cerrada acerca de la existencia : verticalidad suavizada en algunos

que preconizan luchar por una sociedad democrática, donde los
derechos y deberes sean fundados en la solidaridad y la justicia.
Es difícil emprender una aventura mental-física y espiritual
si hay tanta maleza en la ciudad-pensamiento. Pensadores como
Foucault, Levi-Strauss y otros han analizado a fondo el entramado
del poder, en su proyección micro y macro, y en este lúcido análisis
han considerado al cuerpo humano como elemento revelador en el
proceso de conocimientos impuestos, en la maraña de las sacralizaciones
que van desde los misterios religiosos inventados para justificar
sacrificios de mujeres ante los dioses, hasta el miedo a la
autocontemplación del cuerpo, el inconsciente miedo.

Situémonos en Latinoamérica, aquí en Perú: Tahuantisuyo, Colonia,

República. Cada època con sus saqueadores respectivos del alma de las

mujeres.

Indagaciones de Judith Buttler acerca del 'lenguaje del odio',

esclarecen cómo lo diferente, lo perturbador moviliza resortes

mentales de profunda mezcla de malestar y oculta atración.

Sin embargo en las culturas prehispánicas y en el Tahuantisuyo

las mujeres aportaban con su presncia no solamente en su condición de

collas sino en las labores cotidianas, y se desprende de las

investigaciones antrpológicas e históricas que eran respetadas. Cuando eran elegidas para ser sacrficadas ante los dioses, iban a la

muerte en lo que consideraban un acto sagrado. Aunque no hay que

olvidar que eran los incas, quienes podían tener varias esposas, común denominador con otras culturas, en las que el varón ejerce la

poligamia.

Existían divinidades femeninas , mas aun no se conoce que

haya existido una inca.

Acerca de la Colonia y sus costumbres impuestas, hasta los niñitos saben por los textos escolares, que la mujer estaba confinada

a la cocina, al tocador y a la posible entrega a un esposo que le

causaría un permanente asco que no se elimaba como se elimina una

cucaracha. Persistiría hasta el fin de sus vidas, hasta que ella

muera, si no moría antes él, y en medio de las costumbres y la

Inquisición, sus paseos con un velo tapando su rostro serían una de sus escasos placeres, sino el único, a menos que se hiciera monja

como lo hiciera la memorable poeta Sor Juana Inés de la Cruz, para

abrazar el conocimiento no con uno o dos libritos sino con sendos

volúmnes de teología y literarura.

Nadie podría afirmar que las mujeres jamás se rebelaron ante

la marginación a la que fueron empujadas, aunque la historia oficial

no las mencione, aunque la Inquisición solo se refiera a 'brujas

malévolas, demoníacas o a mujeres licenciosas, o no piadosas', de

hecho que existieron y es el imaginario popular que a tráves del

tiempo las cuida en lo más recóndito de su indomable existencia.

En la República aparecerían las indignas leyes que exceptuando

el derecho a sufragar, obtenido por luchas de valerosas mujeres,

continuarían tratando a la mujer como persona prescindible. Lejanos, muy lejanos están los tiempos en que los roles hombre-mujer eran

compartidos con naturalidad; el advenimiento de la llamada civilización

significaría la lucha por perpetuar un poder que cambiaba de rostro

a medida que se sofisticaba. Creer que es natural que avance y pise al

otro el más hábil, o el 'más inteligente' , recuerda a Hobbes y sus argumentaciones para detener la 'barbarie'. Es decir, se piensa que

el modelo de sociedad donde la industrialización ha evolucionado más,

es el 'MODELO', y apelando a esta falacia se justifica el gran comercio

de armas, los medios de comunicación estupidizantes, la exacerbación del consumismo, el saqueo contemporáneo -llámese la mira en los

yacimientos petroleros-, la destrucción del verde-naturaleza, etc.

Así los campos que contienen la

existencia deben concatenarse, lo económico, lo social, lo político,

todo constituyendo un engranaje que asiente al poder. Y los interesados

usan todas sus armas, desde las ideológicas en la llamada globalización,

pasando por las letales, las que matan, porque si hay que matar

para que lo establecido permanezca con buena salud, se hará, sólo

que estas realidades se pintan como cuestiones inevitables y a lo

'rosa', cuentos y cuentos. Y cómo entra en este engranaje la mujer?,

bueno, veamos que los discursos de la ética oficial y los de las

religiones mediatizan actitudes cuestionadoras, siempre ha de apoyarse

el gobierno elegido democráticamente, siempre hay que cumplir con

los roles madre- mujer. Cuestión difusa mas sustentada hasta el

hartazgo usando la inquietante culpa como amenaza para quienes no

estén en tales marcos del actuar y el pensar.

Mujeres como Esther Vilar que sale oronda y escribe 'El varón

domado' son elogiadas por hombres y mujeres que reconocen en esa

tiranía casera un micro-poder, deseable, antes que sufrir un

avasallamiento ya conocido. Mas no es posible comparar este micro-poder

con el que ejerce un jefe de uan empresa donde se despiden trabajadores cuando les da la gana, ,sin justificación real, sin

pisca de consideración. Lárguese usted, eso es. Y si se trata de

la gerente de una transnacional que cumple órdenes?, ah, claro que

ella pertenece al bando de los saqueadores contemporáneas.

Se trata de abordar a las mujeres en cantidad y calidad, y

de acometer con franqueza la realidad tan diversa de las mujeres.

Y más en un país como Perú , desde las choledades hasta las identidades

de las comunidades más profundas, que sólo a veces son conocidas

porque saltan a los noticieros debido a conflictos donde hay

muertos y mucho dolor.

Aún se oyen imprecaciones: 'somos los verdaderos explotados,

las mujeres que se ocupan del trabajo doméstico -se refieren a las

madres de sus hijos y a las madres de otros niñosl- no la pasan como nosotros', y son los mismos

hombres que salen a las calles protestando y exigiendo una sociedad

'justa'. Tal razonamiento desconoce lo que es entregar las energías

al estar en casa, cocinando diariamente, lavando, limpiando, renegando

con los hijos, alegrándose también, sí, mas terminando cada día

no en el día, sino en la noche, más de ocho horas, más si hay que dar

la leche materna al hijo. Ni contando con todos los artefactos eléctricos como ayuda, se libran las mujeres del arduo trabajo físico

y mental, ('suda gorda, a ver si así bajas esa panza' les dicen los papis' y ya corrió bastante sudor, ufff!, bastante No se trata de medir quién es el más

explotado, se trata de abrir los horizontes de una auténtica

solidaridad o sino para qué tanta retórica y consignas por la

libertad, así todo se va enturbiando y la anhelada praxis

liberadora se extravia en la cotidianidad.

Mujeres yuppies, mujeres arribistas, mujeres snobistas,

ciertamente hay y no son pocas, mas también existen aquellas que

van dilucidando sus caminos. Son como bailarinas en la oscuridad,

van conquistando la luz y bailan, no importa si la luz se va, es

un paréntesis porque la luz regresa, instalándose en el alma-cuerpo

para quedarse allí. Bailando en la oscuridad, o bailando en los

claroscuros, eso no cambiará a quienes se conquistaron a sí mismas.

Y acaso las mujeres que caminan con sus basureros mentales,

acaso muchas no podrían desechar aquellos? Tornarse esplendorosas,

tìmidas, taciturnas, o vivaces, cuestionadoras, crìticas, PENSANTES,
o sea tornarse mujeres que se han hecho a sí mismas. Porque como
han escrito mujeres tan valiosas, desde la autora de 'El segundo
sexo', pasando por Susan Sontag, Judith Buttler, y muchas otras,
es verdad que la llamarada de una sociedad diferente donde hombres,
mujeres y niños convivan en armonía y donde los conflictos serán
por razones muy diferentes a los que existen ahora, es posible, y tan posible si nos atrevemos a botar la maleza de la ciudad-pensamiento.

                                                      Virginia Macías Torres

                                                              Lima-Perú, 9/3/2003.